jueves, 16 de septiembre de 2010

Aitor Lara



Sevilla. Edificio de la FNAC. Los que hayáis pasado por allí últimamente habréis comprobado que su fachada está tapizada con enormes fotografías en blanco y negro. Tanto si te gusta la fotografía como si no, las imágenes te obligan a pararte y mirarlas una a una. Son parte del trabajo Maestranza de Aitor Lara (Baracaldo, Vizcaya, 1974). Fotógrafo afincado en Sevilla al que un día nos dio por mandar un correo electrónico para preguntarle sobre su trabajo. A las pocas horas recibimos respuesta: "Prefiero hacer la entrevista por teléfono porque así resulta más natural". Desde 800ISO nos mostramos encantados de conversar un rato con él. "Durante la mañana no soy persona", dice, así que nos cita para bien entrada la tarde, espacio que dedica a su trabajo diario. De hablar pausado, Aitor se piensa las respuestas antes de lanzarlas.

Visitando su sitio web enseguida se descubren sus preferencias estéticas. No hay color. Todo es escala de grises: "Hago el medio formato con los Tri-X de 220. Utilizo Hasselblad y Rolleiflex". La mayor parte de su trabajo sigue siendo analógico, aunque luego escanea los negativos y los procesa con Photoshop, herramienta que considera "interesante y necesaria". "Me ayuda a llevar la imagen donde yo quiero. Por ejemplo, a mí me siguen interesando las fotos sucias, los negros empastados, los blancos quemados...".

Los reportajes de Aitor llaman al ojo de manera poderosa. La figura humana tiene un peso importante en todos sus trabajos a los que se enfrenta con ciertas dosis de improvisación. Cuando le preguntamos por el proceso de preparación contesta que la preproducción es mínima. "Haciendo fotos me pasa como cuando voy al cine. Me gusta entrar sin saber qué peli voy a ver, qué director es o cómo se llama. Me gusta ir con el disco duro virgen, sin condicionamientos. Me encanta descubrir mundos que no conozco. Cuando me voy a meter en una historia intento saber lo menos posible. Evidentemente hay cosas que necesitas manejar, pero no me preocupo por saber demasiado". Cuando le preguntamos por los temas que prefiere contesta que a la hora de elegirlos es tan dispar como a la hora de prepararlos. Aparecen espontáneamente y, aunque tiene preferencias, su catálogo de gustos es amplio. La realidad es muy intersante y variada y hoy casi todo tiene foto. "La fotografía es una cuestión de sensibilidad. Puedes estar en un desierto de piedras y si te pones al final sacas geometrías, puedes buscar relaciones espaciales con las rocas y la arena. Si estás en un mitín político del PP vas a buscar los aspectos más significativos de la derecha más rancia de nuestro país. Si estás en un concierto de punk lo mismo... A mí me interesa todo. Nuestra vida, talento y sensibilidad son limitados y uno hace lo que puede".



Si fotografiar es saber mirar, fotografiar bien es saber hacer que te miren. Las miradas de sus retratados están capturadas en ese instante decisivo donde la expresión del rostro cuenta historias de otros sitios y otros tiempos. Ha realizado reportajes en México, Marruecos, Madrid y, sobre todo, Sevilla. "Yo tengo mi manera de aproximarme a la gente para fotografiarla. Es un poco felina. No soy muy racional para eso. Me interesan las situaciones con tensión. A veces hay que hablar con la persona, a veces no... Con la gente juega la calidad humana que tengas como persona. Depende de cada fotógrafo. La cámara puede ser una bendición o una sentencia. Te puedes ver metido con una banda de narcotraficantes y de repente pienses que te van a agredir al sacar la cámara y después resulta que están deseando que les hagas la foto a toda la familia. La fotografía es como cuando le vas a entrar a una mujer. Al principio ella siempre ta va a decir que no y después tú te la tienes que ganar. Tengo mucha complicidad con la mirada y la gente". En este asunto es tajante. Cuando está trabajando, Aitor no disimula su profesión: "No me escondo a la hora de trabajar. Todo el mundo sabe que estoy trabajando, voy con el equipo en las manos y los que están a mi alrededor saben que voy haciendo fotos. No me escondo". Salir a la calle y disparar. Mil temas por delante nada más pisar la acera y un interés personal por todo lo que pasa en el mundo. "A mí me interesa ahora casi todo. Para un fotógrafo es importante estar al día de lo que pasa".

Aitor piensa que la eclosión de la fotografía digital permite que haya gente joven haciendo cosas muy interesantes que descubre, principalmente, a través de Internet. "Alucino con Internet. Me encanta descubrir el trabajo de gente que de otra manera no hubiera conocido nunca". Se lamenta que parte del oficio esté perdiendo su dignidad. Los grandes grupos empresariales dueños de los medios de comunicación importantes están publicando reportajes de baja calidad y la fotografía "es un trabajo que hay que pagar y del que cada vez cuesta más vivir".



Se queda uno con ganas de pasar una tarde con Aitor delante de dos cervezas y no para conversar precisamente de fotografía. Me quedo con las ganas de preguntarle por los gitanos del camposanto, los toreros de La Maestranza, los legionarios o los pueblitos perdidos de México. Conversar. Convertir las imágenes en palabras para que de nuevo cobren vida. Podría ser interesante. Lo dejaremos para una próxima ocasión. ¿Cambiar imágenes por palabras?: "Ultimamente yo disfruto mucho con la palabra. Una palabra bien dicha... Un buen verso recitado por un flamenco, por un poeta... Un Manuel Molina recitando... No creo que esté la imagen por encima de la palabra... La palabra vibra, la palabra suena...".

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