sábado, 18 de septiembre de 2010

Fotografiar del natural (y V) - Los clientes




Los clientes


"El aparato fotográfico permite obtener una especie de crónica visual. Nosotros, los reporteros-fotógrafos, somos gente que proporcionamos información a un mundo apresurado, abrumado de preocupaciones, propenso a la cacofonía, lleno de seres que necesitan la compañía de las imágenes. El escorzo del pensamiento que es el lenguaje fotográfico tiene un gran poder, pero conlleva un juicio sobre lo que vemos y eso implica una gran responsabilidad. Entre el público y nosotros, se sitúa la impresión, que es el medio de difusión de nuestro pensamiento; somos artesanos que elaboramos la materia prima y, después, la entregamos a las revistas ilustradas.

Experimenté una verdadera emoción cuando vendí mi primera foto (a la revista Vu), fue el inicio de una larga alianza con las publicaciones ilustradas; son las que dan valor a lo que uno ha querido decir pero, desgraciadamente, en ocasiones también lo deforman. La revista difunde lo que ha querido mostrar el fotógrafo, pero éste, sin duda, se arriesga a que los gustos y las necesidades de la revista deformen su obra por completo.

En un reportaje, los pies de foto deben ser el contexto verbal de las imágenes, o pueden completar la imagen con lo que no se puede obtener con la cámara; desgraciadamente, en las salas de redacción pueden colarse algunos errores; no siempre son simples gazapos, y, a menudo, el lector hace al fotógrafo único responsable. Son cosas que ocurren...

Las fotos pasan por las manos del redactor jefe y por las del compaginador. El redactor debe escoger entre la treintena de fotos que suelen constituir un reportje (en cierto modo, es como si tuviera que cortar un texto para extraer citas de él). El reportaje tiene formas fijas al igual que la noticia y las imágenes seleccionadas se desplegarán en dos, tres o cuatro páginas según el interés que hayan despertado en el redactor y la incidencia, en ese momento, del precio del papel.

No se puede, mientras se está haciendo el reportaje, pensar en su futura compaginación. El gran arte del compaginador consiste en saber extraer de un abanico de fotos la mejor imagen para ir a toda página, a doble página, o saber insertar un documento pequeño de manera que haga las veces de locución conjuntiva en la historia. A menudo ocurre que el compaginador tiene que cortar una foto y conservar sólo la parte que le parece más importante, dando prioridad a la unidad de la página, y lo que suele ocurrir, es que con ello se destruye la composición concebida por el fotógrafo...; aunque, a fin de cuentas, es al compaginador al que le debemos el reconocimiento de una buena presentación, en la que los documentos están encuadrados con los márgenes en los espacios justos, y en la que cada página, con su arquitectura y su ritmo, expresa bien la historia tal como ha sido concebida.

En fin, la última angustia del fotógrafo es previa al momento en que hojea la revista y descubre su reportaje...

Me he extendido sobre un único aspecto de la fotografía, pero es evidente que hay muchos otros, desde las fotografías de un catálogo de publicidad hasta las conmovedoras imágenes que se tornan amarillentas en una cartera con el tiempo. No he pretendido, pues, tratar aquí la fotografía desde un punto de vista general.

Para mí una fotografía es el reconocimiento simultáneo, en una fracción de segundo, por una parte del significado de un hecho y, por la otra, de una organización rigurosa de las formas percibidas visualmente que expresan ese hecho.

Viviendo es como nos descubrimos, a la vez que descubrimos el mundo exterior; este mundo nos da forma, pero también podemos actuar sobre él. Debe establecerse un equilibrio entre esos dos mundos, el interior y el exterior que, en un diálogo constante, forman uno solo, y ése es el mundo que debemos comunicar.

Pero todo esto hace sólo referencia al contenido de la imagen y, para mí, el contenido no puede separarse de la forma; por forma entiendo una organización plástica rigurosa en virtud de la cual, únicamente, nuestras concepciones y emociones devienen concretas y transmisibles. En fotografía, esta organización visual no puede ser más que el fruto de un sentimiento espontáneo de los ritmos plásticos".


Henri Cartier-Bresson (1952)

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