sábado, 28 de agosto de 2010

Fotografiar del natural (III) - La composición




La composición


"Para que un tema posea toda su identidad, las relaciones de forma deben estar rigurosamente establecidas. Se debe colocar la cámara en el espacio en relación al objeto, y ahí es donde empieza el gran dominio de la composición. La fotografía es para mí el reconocimiento en la realidad de un ritmo de superficies, líneas o valores; el ojo recorta el tema y la cámara no tiene más que hacer su trabajo, que consiste en imprimir en la película la decisión del ojo. Una foto se ve en su totalidad, de una vez como un cuadro; la composición es en ella una coalición simultánea, la coordinación orgánica de elementos visuales. No se compone gratuitamente, se precisa, de entrada, tener la necesidad de ello y no se puede separar el fondo de la forma. En fotografía, hay una plástica nueva, función de líneas instantáneas; trabajamos en el movimiento, una especie de presentimiento de la vida, y la fotografía tiene que atrapar en el movimiento el equilibrio expresivo.

Nuestro ojo debe medir constantemente, evaluar. Modificamos las perspectivas mediante una ligera flexión de las rodillas, provocamos coincidencias de líneas mediante un sencillo desplazamiento de la cabeza de una fracción de milímetro, pero todo esto, que sólo se puede hacer con la rapidez de un reflejo, nos evita, afortunadamente, la pretensión de hacer “Arte”. Se compone casi al mismo tiempo en que se aprieta el disparador y, al colocar la cámara más o menos lejos del tema, dibujamos el detalle, lo subordinamos, o por el contrario, nos dejamos tiranizar por él. En ocasiones, insatisfechos, quedamos atrapados, esperando que ocurra alguna cosa; a veces se rompe todo y no habrá foto, pero si, por ejemplo, de repente alguien cruza ese espacio, seguimos su trayectoria a través del cuadro del visor, esperarnos, esperamos... disparamos, y nos vamos con la sensación de haber obtenido algo. Después, podremos entretenemos trazando la media proporcional en la foto o alguna otra figura, y comprendemos que disparando en ese preciso instante, hemos fijado, instintivamente, los lugares geométricos precisos sin los que la foto sería amorfa y carente de vida. La composición tiene que ser una de nuestras preocupaciones constantes, pero en el momento de fotografiar no puede ser más que intuitiva, ya que nos enfrentamos a instantes fugitivos en que las relaciones son móviles. Para aplicar la relación de la “sección áurea”, el compás del fotógrafo no puede estar más que en su ojo. Ni que decir tiene que todo análisis geométrico, toda reducción a un esquema, sólo puede producirse cuando ya está hecha la foto, cuando está revelada, cuando hemos sacado copia y no sirve más que de materia de reflexión. Espero que no llegue el día en que se vendan los esquemas grabados sobre cristales pulidos. La elección del formato de la cámara juega un papel determinante en la expresión del tema; el formato cuadrado tiende a ser estático por la similitud de sus lados; por algo será que, no hay lienzos cuadrados. Si recortamos, aunque sea un poco, una buena foto, destruimos fatalmente este juego de proporciones y, por otra parte, es muy raro que una composición cuya toma es floja pueda salvarse buscando la manera de recomponerla en el cuarto oscuro; al recortar el negativo en la ampliadora, se pierde la integridad de la visión. A menudo oímos hablar “de los ángulos de toma de vistas” cuando los únicos ángulos que existen son los ángulos de la geometría de la composición. Son los únicos ángulos válidos y no los que consigue el tipo que se tumba en el suelo para “obtener efectos” u otras extravagancias".

Henri Cartier-Bresson (1952)

viernes, 27 de agosto de 2010

Visa Pour L'Image 2010



"Una vez más, el problema de la fotografía digital es que, con la facilidad con la que se toma una foto hoy en día, todo el mundo se cree fotógrafo. Le daré un ejemplo que puede sonar estúpido. Se venden decenas de millones de bolígrafos al día en el mundo, y no por ello tenemos gente como Proust y Shakespeare por doquier. Sucede un poco lo mismo con las cámaras de foto. Creo que nos encontramos ante un periodo de falta de rigor. ¿Para qué seguir produciendo un servicio de fotos cuando se pueden encontrar temas baratos en internet? Se puede encontrar a gente dispuesta a malvender sus fotos sólo para deleitarse con ver su nombre en un periódico. Usted sabe perfectamente, como yo, que un verdadero reportaje, una verdadera investigación, requiere semanas de preparación, días y días en el terreno y luego, un análisis, un montaje de video, una edición de la foto y una redacción del texto. No se hace de cualquier manera: es un oficio. El problema es que hoy en día vemos llegar a mucha gente que dice « soy fotógrafo » porque hacen fotografías nítidas, bien expuestas, y bien retocadas gracias a las herramientas de las que hablábamos antes, pero sin fondo alguno".

Jean-François Leroy, director de Visa Pour L'Image

Visa Pour L'Image es el mayor festival internacional de fotoperiodismo.

Granada Fomapan







Cámara: Nikon FM2
Objetivo: Nikkor 28mm 1:2.8
Película: Fomapan 400
Fecha: Agosto 2010

miércoles, 25 de agosto de 2010

Movimientos


" la percepción visual es un problema complejo y no tiene ninguna relacción con lo que pasa en el interior de una cámara: no existe imagen en el fondo de nuestro cerebro.

Claude Cossette

martes, 24 de agosto de 2010

Praga



Praga
Autor: David Jiménez

"Esta es una foto hecha en Praga en 1994, en uno de los puentes de Praga, en un ojo de buey del metal del puente. Y lo que se ve ahí es el brazo de una de las esculturas. ¿Por qué está hecha la foto? Pues no sé... siempre voy haciendo fotos por ahí, entonces el signficado no es tanto esa escena sino lo que puede metafóricamente sugerir. Se ven pocas cosas, pero es que realmente a mí me gusta pensar que lo invisible es tan importante como lo que se ve. También en la vida. La parte invisible es mucho más grande y ahí hay un guiño también a eso, a dejar ver un poco para que se pueda sugerir el resto".

David Jiménez

Cabo Trafalgar (II)







Cámara: Digital Harinezumi, Ver. 1.0

Cien gaviotas

viernes, 20 de agosto de 2010

Fotografiar del natural (II) - El tema




El tema


¿Cómo negar el tema? Se impone. Y puesto que hay temas tanto en lo que ocurre en el mundo como en nuestro universo personal, basta con ser lúcido respecto a lo que ocurre y ser honesto respecto a lo que uno siente. En definitiva, basta con situarse en relación a lo que se percibe.

El tema no consiste en recolectar hechos, ya que los hechos por sí mismos no ofrecen interés alguno. Lo importante es escoger entre ellos; captar el hecho verdadero con relación a la realidad profunda.

En fotografía, lo más pequeño puede constituir un gran tema, un pequeño detalle humano convertirse en un leit-motiv. Vemos, y hacemos ver, en esta especie de testimonio, el mundo que nos rodea, y es el acontecimiento, a partir de su misma función, lo que provoca el ritmo orgánico de las formas.

En cuanto a la manera de expresarse, hay mil y una maneras de destilar lo que nos ha seducido. Dejemos pues a lo inefable toda su frescura, y no volvamos a hablar de ello...

Existe un territorio que la pintura ya no explota, el retrato, y algunos dicen que la fotografía es la causa de ello; de todos modos, la fotografía lo ha recuperado en parte, en forma de ilustraciones. Pero no debemos achacarle a la fotografía el que los pintores hayan abandonado uno de sus grandes temas.

La levita, el quepis, el caballo, repelen en estos momentos al más académico de los pintores que se sentirá estrangulado por todos los botones de las polainas de Meissonier. Nosotros los aceptamos, tal vez porque nuestra obra es menos permanente que la de los pintores; ¿por qué deberían molestarnos? Más bien nos divierten, ya que, a través de nuestra cámara, aceptamos la vida en toda su realidad. La gente anhela perpetuarse en su retrato y le tiende su perfil a la posteridad; este deseo a menudo está entreverado de un cierto temor mágico: este deseo nos justifica.

Uno de los aspectos más emotivos de los retratos consiste en intentar hallar similitudes entre los hombres que se representan, de encontrar elementos de continuidad en todo lo que describe su medio; en un álbum de familia, confundir al tío con el sobrino. Pero, si el fotógrafo puede captar el reflejo de un mundo, tanto exterior como interior, es porque las gentes están “en situación”, como se suele decir en el lenguaje teatral. El fotógrafo, pues, deberá respetar el ambiente, integrar el hábitat que describe el medio, evitar sobre todo el artificio que mata la verdad humana y conseguir, también, que se olvide la cámara y el que la manipula. El material complicado y los proyectores impiden, en mi opinión, que “salga el pajarito”. ¿Hay algo más fugaz que una expresión en un rostro? La primera impresión que da ese rostro suele ser muy justa, y si bien se enriquece a medida que frecuentamos a la persona, se hace cada vez más complicado poder expresar su naturaleza profunda a medida que adquirimos un conocimiento más íntimo de ella.
Considero que es bastante peligroso ser retratista cuando se trabaja por encargo para determinados clientes ya que, aparte de algunos mecenas, todo el mundo quiere quedar favorecido, y se pierden los vestigios de lo verdadero. Los clientes desconfían de la objetividad de la cámara mientras que el fotógrafo busca la agudeza psicológica; el encuentro entre estos dos reflejos hace que se genere un cierto parentesco entre todos los retratos de un mismo fotógrafo: una semejanza que surge de la relación que se establece entre las personas retratadas y la estructura psicológica del mismo fotógrafo. La armonía se encuentra en la búsqueda del equilibrio a través de la asimetría propia de cada rostro, lo que evita tanto la suavidad excesiva como lo grotesco.

Al artificio de determinados retratos, prefiero, con mucho, esas pequeñas fotografías de identidad que se aprietan, unas contra otras, en los escaparates de los fotógrafos de estudio. Siempre cabe la posibilidad de descubrir en estos rostros una identidad documental, a falta de la identificación poética que uno esperaría obtener.


Henri Cartier-Bresson (1952)

La Alpujarra



De paseo por Granada





Kariba, granja de cocodrilos



Cámara: Digital Harinezumi 2.0

miércoles, 18 de agosto de 2010

Fotografiar del natural (I) - El reportaje



Fotografiar del natural es el título de un libro que recoge opiniones y pensamientos de Henri Cartier-Bresson sobre la fotografía y otros muchos temas, como por ejemplo curiosidades sobre los artistas que llegó a fotografiar y con los que trabó amistad. Esta es la primera de una serie de entradas con extractos de este libro donde Bresson expone sus ideas sobre la fotografía. Era el año 1952.

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El reportaje


¿En qué consiste un reportaje fotográfico? En ocasiones una única foto cuya forma tenga el suficiente rigor y riqueza, y cuyo contenido tenga la suficiente resonancia, puede bastar; pero eso se da muy raramente; los elementos del tema que hacen saltar la chispa son a menudo dispersos; uno no tiene el derecho de juntarlos a la fuerza, ponerlos en escena sería una falsedad: de ahí la utilidad del reportaje; la página reunirá esos elementos complementarios repartidos en varias fotos.

El reportaje es una operación progresiva de la mente, del ojo y del corazón para expresar un problema, para fijar un acontecimiento o impresiones sueltas. Un acontecimiento tiene una riqueza tal que uno le va dando vueltas mientras se desarrolla. Se busca la solución. A veces se halla al cabo de unos segundos, otras se requieren horas o días; no existe la solución estándar; no hay recetas, hay que estar preparado como en el tenis. La realidad nos ofrece tal abundancia que hay que cortar del natural, simplificar, aunque ¿se corta siempre lo que se debe? Es necesario adquirir, con el propio trabajo, la conciencia de lo que uno hace. A veces, se tiene la sensación de que se ha tomado la fotografía más fuerte y, sin embargo, sigue uno fotografiando, incapaz de prever con certeza cómo seguirá desarrollándose el acontecimiento. Mientras tanto, evitaremos ametrallar, fotografiando deprisa y maquinalmente, para no sobrecargamos con esbozos inútiles que atestan la memoria y perjudican la nitidez del conjunto.

La memoria es muy importante, memoria de cada fotografía que, al galope, hemos tomado al mismo ritmo que el acontecimiento; durante el trabajo tenemos que estar seguros de que no hemos dejado agujeros, de que lo hemos expresado todo, puesto que luego será demasiado tarde, no podremos recuperar el acontecimiento a contrapelo.

Para nosotros, existen pues dos selecciones y, por lo tanto, dos reproches posibles; uno cuando nos enfrentamos a la realidad con el visor, otro, cuando las imágenes están reveladas y fijadas y se ve uno en la obligación de separar aquellas que, aunque justas, son también las menos fuertes. Cuando es demasiado tarde, se sabe exactamente por qué se ha fallado. A menudo, durante el trabajo, una duda, una ruptura física con el acontecimiento nos crea la sensación de que no hemos tenido en cuenta tal detalle en el conjunto; otras veces, con bastante frecuencia, el ojo se ha dejado ir con indolencia, la mirada se ha vuelto vaga. Es suficiente.

En cada uno de nosotros es nuestro ojo el que inagura el espacio que va ampliándose hasta el infinito, espacio presente que nos impresiona con mayor o menor intensidad y que se encerrará rápidamente en nuestros recuerdos y se modificará en ellos. De todos los medios de expresión, la fotografía es el único que fija el instante preciso. Jugamos con cosas que desaparecen y que, una vez desaparecidas, es imposible revivir. No se puede retocar el tema; como mucho se puede hacer una selección de imágenes para la presentación del reportaje. El escritor dispone de tiempo para reflexionar antes de que la palabra se forme, antes de plasmarla en el papel; puede enlazar varios elementos. Hay un periodo en que el cerebro olvida, una fase de asentamiento. Para nosotros, lo que desaparece, desaparece para siempre jamás: de ahí nuestra angustia y también la originalidad esencial de nuestro oficio. No podemos rehacer nuestro trabajo una vez que hemos regresado al hotel. Nuestra tarea consiste en observar la realidad con la ayuda de ese cuaderno de croquis que es nuestra cámara; fijar la realidad pero no manipularla ni durante la toma, ni en el laboratorio jugando a las cocinitas. Quien tiene ojo repara fácilmente en esos trucajes.

En un reportaje fotográfico llega uno a contar los disparos, un poco como un árbitro y, fatalmente, se convierte en un intruso. Es preciso, pues, aproximarse al tema de puntillas, aunque se trate de una naturaleza muerta. Sigiloso como un gato, pero ojo avizor. Sin atropellos, “sin levantar la liebre”. Naturalmente, nada de fotos de magnesio, por respeto a la luz, aunque esté ausente. De lo contrario, el fotógrafo se convierte en un ser insoportablemente agresivo. Este oficio depende tanto de las relaciones que establecemos con la gente, que una palabra puede estropearlo todo, y hacer que todas las puertas se cierren. Tampoco en esto hay un único sistema, lo mejor que puedes hacer es que te olviden, al fotógrafo y a la cámara que es siempre demasiado visible. Las reacciones son muy distintas según el país y el medio; en Oriente, un fotógrafo impaciente o apresurado se pone en ridículo, lo que es irremediable. Si alguna vez nos vencen las prisas, o alguien ha reparado en tu cámara, basta con olvidar la fotografía y dejar, amablemente, que los niños se reúnan a tu alrededor.

viernes, 6 de agosto de 2010

Robert Frank



"La actualidad es mentira. Crean el suceso: se inventan la actualidad para poder venderlos cada día. En cambio, el interés real de una foto es personal, individual y eterno".

Transcribo una entrevista realizada a Robert Frank por Lluis Amiguet para La Vanguardia y publicada el 29 de abril de 2005.

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ROBERT FRANK, FOTÓGRAFO DE LA GENERACIÓN BEATNIK: ´AMERICANS´
"A mi edad, vivir es un acto creativo"

Tengo 82 años: a mi edad vivir es un acto creativo y la vida es buena todavía conmigo, aunque sólo sea por un poquito de sol al mediodía. Nací en Zurich, pero siempre viví en América.La actualidad es un invento para vender periódicos. Casado, perdí a mis dos hijos; no ha pasado un día en que no los recuerde. El Macba expone mi obra.

LLUÍS AMIGUET - 29/04/2005




-A los 16 años tomé mi primera fotografía...

-¿Por qué?

-Quería ser capaz de hacer algo que mi padre no pudiera hacer. Cuando creces tienes dos posibilidades: o haces lo mismo que tu padre y mejor o haces algo totalmente diferente y, en ese caso, cualquier cosa que hagas es mejor.

-He leído que su padre era comerciante.

-Yo fui fotógrafo. Dicen que me influyó la Bauhaus y es cierto que el oficio, entonces artesanal, me lo enseñaron mis maestros suizos, pero la curiosidad es personal. Por eso el arte no se enseña, sólo se aprende.

-¿En qué sentido?

-Si miro al mundo como fotógrafo, de repente mi vida tiene otro sentido. Cuando cogí la Leica vi luz donde antes sólo había cosas. Descubría gestos en mi madre que sin ser fotógrafo no hubiera apreciado jamás.

-¿Qué quería fotografiar usted?

-Personas. Me impresionaron las fotos de Senn de los refugiados españoles de la Guerra Civil. Las fotos convertían aquel sufrimiento en algo próximo, personal. Yo quería hacer ver a la gente con mis fotos ese dolor, pero también la alegría y los sentimientos.

-¿Por qué emigró a Estados Unidos?

-De nuevo, curiosidad... y supongo que Hitler también influyó.

-¿Qué vio en Estados Unidos?

-Un mundo que, sobre todo, trabajaba día y noche. Vi obreros, camareras, mineros...

-En sus fotos parece que te hablan.

-Es un mundo desaparecido para siempre excepto en esas fotos. Peggy Guggenheim me dio una beca para que fotografiara América y me compró un coche de segunda mano.

-Y usted publicó Americans.

-Hice más de 30.000 fotografías de aquel viaje, pero el libro no gustó a los americanos de entonces: no era bonito.

-Hoy es un gran clásico.

-Recuerdo que di muchas vueltas. En una carretera de Arkansas me detuvo la policía.

-¿Por qué?

-Vieron un tipo mal vestido, mal afeitado y con acento extranjero en un viejo coche cruzando América de punta a punta con mapas llenos de extrañas señales, una Leica y cientos de rollos de fotos.

-Sospechoso...


-Eran tiempos duros, 1955-1956. Les dije que sólo iba a fotografiar pozos petrolíferos.

-¡Un espía!

-Me interrogaron durante tres días. Me preguntaban si yo era "un rojo".

-¿...?


-Intenté explicarles que quería fotografiar América.No entendieron. Lo que me preocupaba es el FBI: tomó mis huellas y podría denegarme la nacionalidad que tramitaba.

-¿Qué hizo después de dos años de viaje?


-Mi amigo Jack Kerouac me escribió la presentación de Americans.

-Él había publicado On the road.

-Sí, pero poca gente sabe que Jack no tenía carnet de conducir.

-Kerouac escribió que usted era con sus fotos "el gran poeta trágico de América".


-Jack me quería. Era un buen amigo,

-¿Dónde trabajó usted luego?

-Fotografié el complejo Ford en Detroit.

-¡Cuánta tristeza en sus fotos!

-Era lo que veía... Trabajé para Harper´s,The New York Times y Esquire,que me encargó la convención demócrata de Chicago.

-Políticos despeinados y sin glamour.

-El glamour siempre es imaginario y el fotógrafo decide si sigue el juego o no. Pero no me gustan los encargos. Sólo el interés personal es universal. No me preocupa lo que los editores deciden que interesa a la gente y que, al día siguiente, no tiene ningún interés.

-¿A qué se refiere?

-La actualidad es mentira. Crean el suceso: se inventan la actualidad para poder venderlos cada día. En cambio, el interés real de una foto es personal, individual y eterno.

-Por ejemplo.

-Decidí fotografiar todo Nueva York en un solo viaje de autobús.

-¿Por qué?

-Curiosidad personal. Ya le he dicho.

-¿El poeta Allen Gingsberg le daba ideas?

-Allen amaba a la gente. Se interesaba por cada ser humano que conocía. Yo era tímido e interponía la cámara entre la gente y mi corazón. Lo envidiaba. Vi a Allen la noche antes de morir en su casa de Nueva York. Tenía planes y más planes. Siempre que paseo por Manhattan recuerdo su verso: "Black people walk on the street thinking about unobtainable dollars" ("Y los negros van por la calle pensando en dólares inalcanzables").

-E hizo usted esa película sobre los Rolling

-Les seguí toda una gira: Cocksucker blues:no les gustó.

-Demasiado realista, tal vez.


-Una estrella del rock no puede asumir dosis demasiado elevadas de realidad; tal vez de otras cosas, sí, pero no de realidad.

-Su película sobre el hermano catatónico de Orlovsky es estremecedora.

-A veces hacemos cosas que sólo adquieren sentido si vivimos lo bastante para encontrárselo, como aquella película. Ahora soy viejo.Me cuesta ir a mear o me meo encima, se me rompe todo,... ¿sabe? Soy un poco catatónico, pero encima gruñón.

-¿Aún hace fotos?

-Escribo cartas. Es todo, pero ¡ah!, pese a todo, ¡la vida es dulce y todavía es buena! Ya sólo vivo para estirarme al sol y recordar cosas que tal vez ni siquiera he vivido.

-¿Y Pull my Daisy, manifiesto beatnik?

-Esa película la hicimos todos: Kerouac, Orlovsky, Gingsberg. Tal vez no sabíamos lo que queríamos, pero supimos rechazar lo que no queríamos.

jueves, 5 de agosto de 2010

Digital Harinezumi



Esta cámara se ha convertido en objeto de culto entre los modernos del lo-fi. La verdad es que para aquellos a los que la calidad de imagen nos da un poco igual se trata de un juguete atractivo. Sólo dos megapíxeles y lente de plástico. Es capaz de sacar fotos y grabar vídeo con mala calidad de frábica. Colores saturados, viñeteo y desenfoque variable de serie. Para las fotos no tiene visor, sino que tienes que disparar a ojo. La versión 2 te permite previsualizar el encuadre en la pantalla LCD antes de disparar (opcional). Graba las imágenes en tarjeta MicroSD y consume pilas CR2 que, por cierto, se las bebe. En resumen, está bien para llevarla siempre encima y juguetear un poco. Con paciencia se pueden hacer cosas interesantes, pero eso de disparar sin mirar no da buenos resultados: el 90% de las fotos no son convincentes.

Ventajas

- Tamaño reducido. Cabe en la palma de la mano. Es fácil de llevar en el bolsillo y es discreta.
- Permite grabar vídeo con la misma calidad. Parece super 8.
- La falta de calidad es un plus por aquello del saborcillo antiguo y espontáneo que da a las imágenes.
- Disparar sin visor te permite pensar la fotografía de otra manera aunque los resultados no sean brillantes.

Inconvenientes

- Consumo excesivo. Teniendo en cuenta que una pila CR2 cuesta unos 7,5 euros y que no duran una eternidad, el gasto en baterías puede ser importante. Para evitar esto existen pilas recargables de este tipo, pero hay que pedirlas por Internet. Dan buen resultado.

Matalascañas

Sevilla







Cámara: Digital Harinezumi Ver. 1