domingo, 20 de marzo de 2011

Hugo Rodríguez



Trabajó como profesor de técnica fotografica en el Instituto de Estudios Fotograficos de Cataluña desde 1998 hasta 2006. Hoy es asesor de color en los laboratorios EGM. Allí mantiene calibrado todo aquello susceptible de calibrarse: monitores, escáneres, plotters, printers, y demás aparatos. En su web hay más información.

¿Hasta qué punto el arte va de la mano de la tecnología?


En la fotografía suelen ir íntimamente unidas, ya que la fotografía no es posible sin el uso combinado de múltiples tecnologías, como las aplicadas a las lentes, la digital, las pantallas, la informática... aunque ha avanzado mucho tanto con el fin de hacerla más sofisticada como de hacerla mas asequible gracias a nuevas interfaces mas fáciles de usar en ordenadores y cámaras. De todos modos, para usar las últimas tecnologías no es necesario ni siquiera saber usarlas. Todavía muchos siguen usando la cámara en automático y llevando la tarjeta al laboratorio, lo cual no le supone ningún esfuerzo mental. Y algún que otro fotógrafo, simplemente opta por contratar a un ayudante bien preparado para que se encargue de todo, de manera que él solo organiza la iluminación, el encuadre, etc... pero sin tocar la cámara. Llegado el momento, se acerca al visor y dispara.

Soy fotógrafo de los de toda la vida y me da pereza meterme al sistema digital, aprender a usar el ordenador y todo lo que eso acarrea... ¿Qué le decimos?

Pues que se apunte a un curso de iniciación con un buen profesor, se compre un buen libro, acuda a algún amigo “caritativo” que le ayude o frecuente los foros en busca de ayuda. De todos modos, lo esencial seria comenzar cambiando de mentalidad: si uno va pensando que “vaya pereza me da ponerme con esto”, todo se hace más cuesta arriba. Es mucho mejor mantener la mente abierta ante nuevos conocimientos y no prejuzgar; la vida siempre depara sorpresas, ¿no?

Veo las fotos de una manera en mi monitor y luego salen de otra en el papel... ¿Se solucionará esto alguna vez de una manera sencilla?

Pues no es fácil, desde luego, y menos aún con sistemas en los que conviven muchos fabricantes y tecnologías distintas entre sí. En Windows, por ejemplo, es muy complicado, por lo genérico que es el sistema y la falta de acuerdos comunes a gran escala que faciliten este asunto. En Mac lo veo más fácil, al ejercer Apple un control bastante férreo del sistema y tratar siempre de aumentar el control total. De todos modos, esto implicaría equipos más caros, ya que –por poner un ejemplo- el monitor debería llevar el calibrador incorporado. Y este punto, el precio, fundamental para la mayoría, dificulta incorporar estas tecnologías.

¿La calibración del equipo es el punto flaco del flujo de trabajo digital?


Es uno de los más flacos, desde luego. La inmensa mayoría de fotógrafos lo dejan “para más adelante” y van pasando los días y resolviendo problemas “a salto de mata”, como suele decirse. Hasta que llega un día y se encuentran con un “marrón” tan gordo del que salen escarmentados. A partir de ahí se replantean el problema y entonces acuden a algún curso o llaman a un técnico asesor. Sonará casi a chiste, pero un porcentaje muy elevado de los fotógrafos que asisten a mis cursos de gestión del color confiesan venir “porque no aguantan más”...

¿Los laboratorios de impresión digital cumplen bien su trabajo?

Bueno, es una pregunta que abarca muchos aspectos y matices: la atención al cliente, los plazos, la nitidez conseguida, el color... En general (y con esto incluyo a los laboratorios de aficionado), creo que el nivel es suficiente, pero con mucho margen de mejora. Para un aficionado que no lleva mucho tiempo, la calidad es justa, pero muchos se van dando cuenta poco a poco de los defectos del producto final: poca nitidez, escasa constancia del color, etc... Es algo normal si tenemos en cuenta el precio “super-rebajado” que ofrece la inmensa mayoría. No se pueden “regalar duros a cuatro pesetas”. Los aficionados más experimentados y profesionales saben que si se quiere una alta calidad, hay que irse olvidando de esos precios tan bajos y asumir que una mayor calidad no pasa por otro camino que pagar más. El cuánto depende de lo que se quiere conseguir. Imagina que vas a hacer una exposición donde vas a lucir tus mejores fotos al público. Vendrán aficionados a verla y, si te fijas un poco, seguro que verás alguno que se acercará a mirar muy de cerca la calidad de tus copias. ¿Verdad que no te gustaría ver cómo después de examinarla se sonríe y le hace algún comentario jocoso a su acompañante? Pues entonces es que deberías haber acudido a un laboratorio mejor...

¿Por qué tantas revistas que hablan de megapíxeles, cuerpos, lentes, plug-ins y tutoriales y tan pocas que hablen de fotografía?

Pues porque imagino que porque no vende tanto. Es la historia de siempre, que se repite en otros ámbitos ¿Porqué hay pocas revistas de música y tropecientas de instrumentos y equipos musicales? ¿Porqué hay 25 revistas de coches y ninguna de conducción? Pues es por lo mismo...

Antes una cámara cada diez o quince años, hoy cada ¿cinco? ¿Hasta dónde?


En efecto, incluso en menos de cinco años, pero estoy convencido de que eso cambiará tarde o temprano, en cuanto la mayoría de fotógrafos considere que la carrera del megapíxel (Mp), es suficiente para ellos. En mi caso, por ejemplo, no tengo muy claro que quiera subir hasta los 20 o más megapíxeles, tanto si es full-frame como si no, porque está bien documentado que los objetivos tienen un límite y no sirve de mucho que la cámara produzca muchos píxeles si estos no conllevan una gran cantidad de detalles por culpa de las aberraciones. Hay muy pocas ópticas capaces de ofrecer resultados de alta calidad con cuerpos como la D3X o la 5D MkII y, dentro de este grupo, los zooms se cuentan con los dedos de la mano. Por descontado, el volumen, peso y precio de estos “elegidos” son para quitar el hipo. Así pues, ¿cuantos están dispuestos a gastarse todo ese dinero para disfrutar de semejante cantidad de Mp? Yo prefiero invertir en unas pocas ópticas excelentes, capaces de sacar el 95% del provecho de un sensor pequeño (APS-C) de 12-16Mp. Si necesito más resolución, entonces utilizo la técnica de stitching (la que se usa en panorámicas), que me permite aumentar hasta donde quiera, sin tener que cargar con cuerpos y objetivos mucho más grandes, pesados y caros. Además, así también puedo invertir en un trípode excelente, muy rígido y ligero como los Gitzo de fibra de carbono y una correa cómoda para poder llevarlo, lo cual me permite mejorar mucho la calidad de la toma. Al final, puedo conseguir un nivel de detalle altísimo con mi D300, una óptica excelente y trípode, cerca de lo que consigue una 5D MkII con un zoom normal y sin trípode... Y todo habiendo gastado menos dinero y cargando con el mismo o menos peso.

¿Merece la pena seguir usando la película? ¿Por qué?

A nivel profesional, desde luego que no. No quiero imaginar la cara de un cliente si le dices que tú sigues usando película... ¡saldría corriendo!
A nivel artístico es otra historia totalmente distinta. Sé de fotógrafos muy respetados que siguen usándola por alguna razón. Por ejemplo, XXXX, un famoso fotógrafo de nivel internacional, sigue usando cámaras de formato medio y carrete de 220 porque, tal como me explicó personalmente en una conferencia suya a la que asistí, no hay ningún respaldo que aguante el ritmo de disparos que necesita.

Hace un tiempo hiciste un estudio sobre la equivalencia grano-píxel. Con las cámaras digitales actuales, ¿por cuánto gana la electrónica? ¿qué le queda al grano para seducir?

Uy, si ya por entonces, en el 2002, había salido alguna que ganaba por tener más de 13 Mp, hoy la cosa es abrumadora. Está demostrado que, a nivel de definición, modelos como la D3x de Nikon, con 24 Mp, están a un mundo de diferencia. Todo esto en cuanto al formato pequeño, pero en formato medio y, sobre todo, en el grande (placas), la cosa no está tan clara. Con una sencilla relación matemática se puede ver que un fotograma de 6x7 viene a tener unos 50Mp y una placa de 4”x5”, 170Mp, así que frente a los formatos mayores de película, las cámaras DSLR actuales no tienen nada que hacer en términos de resolución, aunque sí en rango dinámico, ruido y reproducción de color.
En mi opinión, a la película todavía le quedan muchos amantes que simplemente no se dejan seducir por las tecnologías modernas y prefieren el “romanticismo” de aquélla. Es algo parecido a lo que pasa con el vinilo o los amplificadores de válvulas, que todavía tienen a muchos enamorados.

¿Tendremos que olvidarnos algún día de todo lo que sabemos hoy para volver a incorporar nuevos conceptos? ¿Cuándo?

Esto es realmente difícil de saber porque no se me ocurre qué podría venir después de la era digital. No creo que haya que reaprender todo de nuevo porque en realidad la mayor parte de lo que hemos aprendido con el sistema digital es mucho más global y universal que en el analógico, puesto que ahora sabemos cómo gestionar información en estado puro y medirla con unidades genéricas, como las dimensiones de una “tabla” de píxeles con sus filas y columnas o el volumen de información que ocupa, con sus “1” y “0”. O, sea, “tablas”, “unos”, “ceros”... conceptos aplicables a infinidad de áreas distintas; todo bastante universal, ¿no?

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